2 de julio de 2007

Un cumpleaños en Vietnam

Ayer cumplí 37 primaveras. Uno nunca cree que pueda llegar a decir que tiene tantos años, eso queda para la gente mayor, para la gente madura que se acerca más a la cuarentena que a la veintena, década que siempre la he visto demasiado alejada de mi. Pero si hay algo que se acerca a ser justo para todo el mundo, es que le van cayendo años a todo el mundo año tras año. Ya de uno depende que parezca que tiene 50 años con 23 primaveras biológicas, o que parezca que tiene una edad mental de 18 cuando tienes 37 (mi caso). Ni padre respetable de familia, ni con un futuro asegurado, ni tan siquiera con perspectivas de ser una persona con una vida convencional a corto o medio plazo.
Quizás por esa razón, pude tener la oportunidad de cumplir 26 primaveras en el corazón de Caracas con gente que se han convertido con el tiempo en la familia-clan de Caracas, o pueda cumplir años 11 años después en otro trópico utópico, aunque este indochino.
Los festejos, como los actos importantes, empezaron dos días antes, en la simpática, curiosa, tranquila y anodina ciudad de Hoa Binh, donde he establecido desde hace unas semanas mi residencia (ya os contaré, pero estaba planeado desde un inicio que viviría en Hoa Binh).
Ahí la gente con la que estoy no saben cómo hacerme más llevadera mi vida, siendo el único guiri, y además "mudo", residente entre 400.000 personas.
Así que en el Departamento de Protección Forestal de Hoa Binh (el "ICONA" de la provincia) me prepararon una maravillosa comida por todo lo alto en homenaje al cumpleañero.

Las señoras del departamento se esmeraron para que tuviera el mejor banquete posible, por
supuesto vietnamita. La verdad es que es de agradecer, y es todo un privilegio y de lo más original que le hagan a uno este tipo de agasajo. No todos en mi pueblo pueden presumir de ello.


Estas fotos son para saciar la insaciable curiosidad gastronómica del comandante.




Ya el domingo 1 de julio, me regalé una tremenda bicicleta de montaña, que va a ser mi compañera fiel en Hoa Binh, y a la que tengo que poner nombre. La estrené paseando por las calles de Hanoi bajo un diluvio universal, pero me encantó. Me llegué en bici hasta la casa de Quang y Minh para ver a la princesita de Cachi.
Y ya por la noche..... cenorra en uno de mis sitios preferidos: el BIA HOI pijo, en la calle Cat Linh nº 36, en donde vamos a cenar en Ha Noi cuando terminamos nuestras sesiones de bong ban.


Ahí unos veinte esapñolitos y mi querido amigo Quang estuvimos celebrando al más puro sabor Viet el cumple. La verdad que me encantó. Además se pasaron conmigo. Me regalaron...unos cuadros de cerámica viet con motivos hanoianos, de lo más bonitos, y ¡UNA MESA DE BONG BAN!. Para rematar, la instalamos en el propio Bia Hoi para poder jugar además de beber cerveza y cenar (podeis ver mi flamente mesa de pinpon en el fondo de la foto de arriba, jugando empleados del Bia Hoi mientras nosotros cenamos).

La verdad es que fue una noche que la recordaré por haber sido de lo más entrañable, gracias a personas que no conocía hace apenas un año, y a pesar de teneros a todos muy lejos físicamente, pero muy cerca en mi corazón.

Y esta es mi pequeña historia de mi cumpleaños nº 37, que nunca me imaginé pasarlo en Vietnam, y con gente que apenas hace un año ni conocía.


¿Ha visto Ms. Chocolate que sus deseos son inmediatamente atendidos por su humilde servidor?. CHATA espero que te haya gustado.

23 de junio de 2007

Una cabecera del blog para mi HERMANÍN

En febrero tendría que haber venido a verme mi queridísimo hermanín. Nuestra relación está cimentada en un profundo y emocionado sentimiento de amistad. Cada momento pasado con mi hermanín siempre ha tenido una carga emocional muy fuerte.
Los acontecimientos no lo han permitido, a pesar que quería cruzar medio mundo desde Lugo para volvernos a fundir en un abrazo fraterno, y por supuesto, para emocionarnos y disfrutar con cada paisaje y situación de esta Indochina.

Aunque te llevo conmigo en cada lugar que conozco y visito. Aunque se que entras muy a menudo al blog para poder saber de mi. Aunque sé que en cada entrada del blog visionas cada escena que te describo. Quería dedicarte una cabecera de lo más "fashion" para que vayas abriendo boca para cuando vengas. Porque me tienes que prometer que vas a venir, que vamos a estar físicamente acá los dos para disfrutar como lo hemos hecho cada encuentro que hemos tenido. Me tienes que prometer que vas a poner todo de tu parte para que sea así. Que tendrás el móvil encendido y estarás localizable. Que cuando haya un momento de duda, las ganas de estar en el pinpon, las ganas de viajar en moto por Vietnam, los deseos de vivir este trópico utópico indochino juntos va a poder sobre todo lo demás. Sé que si quieres, puedes.
Espero que te guste la cabecera.
Y ya sabes..... "pa'lante es pa'llá y pá'trás ni para agarrar impulso"
Con todo sentimiento
Pichín (Tu hermanín)
(Gracias de nuevo al virtuoso pucelano-sevillano por pagar sus deudas a tiempo)

9 de junio de 2007

Sección del chimboviajero II: chimbo(=cutre) MAI CHAU, mi casa de turismo rural


Mai Chau es una localidad del interior de Vietnam, a unas 3 horas y media al suroeste de Hanoi, en la mítica (para mi) provincia de Hoa Binh. Es un lugar que ha sido declarado por el decreto 33 como lugar para perderme y de retiro.

Ir allá no es complicado. Si quieres ir como iría un local, solamente hay que ir a la estación de Hang Don, a las afueras de Ha noi, pagar 30.000 VND (Vietnam dongs) -1,5 euros- por el billete del autobús apropiado, y ya tienes asegurado un puesto en el autobús que sale directo a las 10 am a Mai Chau. Eso si, el autobús no pasaría la ITV ni en Talavera de la Reina (donde la pasaba mi mítico R-4 "Ramón" con las furgonetas de los meloneros). La experiencia merece la pena, porque la gente es muy curiosa y preguntona (normalmente un guiri no va en ese autobús, sino en una vannete de tour privado), y va a intentar saber muchas cosas de ti (edad, si estás casado, por qué no estás casado, si tienes novia, por qué no tienes novia....), vamos lo normal que te preguntan acá. Pero sobre todo, el viaje va a poner a prueba la capacidad de aguante de cualquiera, porque vas a saber lo que es un karaoke viet a todo volumen encerrado en el autobús, y sin posibilidad de escapatoria. Además, seguramente terminará el pasillo del autobús abarrotado de paquetes y bultos, por lo que uno tiene que ir saltando entre fardos si quieres moverte dentro del autobús.

Pero todo merece la pena cuando vas llegando al valle donde se encuentra Mai Chau, entre arrozales y montañas.








Una vez en Mai Chau, yo siempre me dirijo a un pequeño poblado llamado Ban Lac, a medio kilómetro más o menos de Mai Chau. Se trata de un poblado de minoría étnica Thai, que es un sitio realmente idílico, casi dibujado.

Tengo fama de exagerado, pero viendo la foto, ¿acaso exagero?

En este poblado hay numerosas casas Thai que funcionan como casa de huespedes. Yo siempre voy a la "guesthouse" # 25, la de Mrs. Son Linh, una señora Thai encantadora que no tarda mucho en robarte el corazón. 2 euros es lo que me cuesta alojarme en la casa de esta familia.

















Mrs. Son Linh tejiendo en su casa (arriba), con la Fina (izda), con Fina y Marquitos mientras empinan el codo con vino de arroz (dcha).

Además de hacerte sentir estar en tu propia casa, de regalar y derrochar simpatía, es una excelente cocinera, y te hace una comida rural típicamente vietnamita (a unos 2 euros la comida/cena y 1 euro el desayuno). Cuando llegué solamente tenía su casa, pero parece que no le debe ir el negocio porque ahora tiene otra casa más.


















¿Es o no es un lujo la casa de turismo rural que me he agenciado en Vietnam?


En cuanto sales un poco por los alrededores de la "casa rural" uno se topa con escenas típicas del Vietnam rural profundo. Gente trabajando duramente en los arrozales, con unas montañas increibles como testigos mudos de unas escenas que parecen ambientadas en películas que hasta hace muy poco me parecían muy lejanas. Siempre que veo las estampas de las fotos que podeis ver, me acuerdo sin remedio de mi amiga Tere, de Cebreros. Ella lleva una eternidad soñando con estas estampas, con esta tierra, y con encontrarse en mitad de estos arrozales, entre estas gentes tan amables. Espero Tere que estas fotos sean parte de tu retina en Indochina, de tus sueños y anhelos.




Pero si esto no os parece suficiente para disfrutar de este sitio lleno de encanto, también te puedes zambullir en el folclore de las minorías étnicas Vietnamitas, porque puedes contratar una actuación completa en la casa de Mrs. Son Linh por el módico precio de 300.000 VND (15 euros).


Lo mejor de la actuación viene al final, cuando se canta "Ho Chi Min-Vietnam, Vietnam-Ho Chi Min", y todos terminamos felices y bebiendo vino de arroz.


Bueno, podría poneros más fotos de mi "casa de turismo rural" en Vietnam si queréis, a riesgo que a alguno/a le pueda sobrevenir algún ataque de celos.

Espero Tere que te haya gustado, y que sobre todo te hayas transportado a tus arrozales.

31 de mayo de 2007

Mi particular despedida de Blanca: los Tay Ban Nha (=españoles) también cuentan

En Vietnam somos aproximadamente un centenar de españoles residiendo parmanentemente, de los cuales la mitad están en Ho Chi Min (Saigón) y la otra mitad vivimos en el norte, concentrados en Hanoi y alrededores. Vivimos nuestro particular "Gran Hermano", somos una especie de familia singular, y algún día os contaré sobre esta experiencia de ser parte de este grupo familiar de no más de 50 españolitos viviendo permanentemente en el norte de Vietnam.
Uno de los momentos más emotivos es cuando uno de nosotros decide que ya su tiempo acá ha finalizado, y tenemos que hacernos a la idea, de parte y parte, que un miembro de la familia deja de estar físicamente entre los demás, porque la verdad es que nunca deja de abandonarnos en el sentido afectivo.
De manera indirecta os he hablado de Blanca, una de las personas más especiales de la familia. Blanquita fue la persona que antes de venir a vivir acá me estuvo pacientemente contestando correo tras correo todas las preguntas que os podeis imaginar que a uno le surgen cuando decide venirse a Vietnam. Ella fue la "elegida" simplemente porque fue la persona que me presentaron cuando vine por primera vez con la gente de la Fundación para la que trabajo. Una vez acá, la verdad es que no hemos tenido una relación diaria, pero si que encuentros azarosos nos ha permitido poder disfrutar de conversaciones realmente inolvidables, humanas y profundas.

Blanca es de estas personas que te encuentras en la vida y que destellan algo especial, algo diferente a la gran mayoría de las personas. Aparte de su inteligencia, su alegría, su carisma, su sensibilidad, y un montón de otras virtudes, destacaría la de no dejar indiferente a la gente que la conoce. Yo nunca olvidaré una llamada que tuve de ella al poco de llegar a Vietnam, cuando todavía vivía en el hotel. Se enteró que me había dado mi brote anual de paludismo, y fue la única que me llamó para decirme que no se me ocurriera pasar una noche más así solo, que si necesitaba cualquier cosa, que no dudara en llamarla. Me hizo sentir por primera vez en Vietnam que no estaba solo.

Blanca empieza ahora otros retos, otros horizontes igual o más apasionantes, después de su etapa indochina. No pude darle mi abrazo acá, pero acá está mi despedida particular. Estoy seguro que ella sabe, que a pesar que un miembro de la familia emigre, siempre tendrá mi amistad, mi cariño, y estaré siempre ahí igual que en Vietnam, porque no depende del lugar físico dónde uno esté, sino de los lazos que nos une, y que permanecerán.

Os dejo de regalo el último de los escritos que ella me dejó para poderlos incluir en el blog.


Hasta pronto Blanca...


HERENCIA DE CULTURAS


Blanca Pérez Lozano


Castellana de pura cepa, nacida entre el frío y el color de las piedras que construyen nuestro románico y nuestro gótico. Acostumbrada a ver una catedral que desde siempre me pareció grande y majestuosa, que parece que nos observa a todos paseando por la plaza, vigilante y tranquila, solo dejando pasar los años, sin perder detalle.
Acostumbrada a ver nuestras procesiones de Semana Santa entre una mezcla de temor y emoción, que me trae a la memoria el color negro, el morado, el retumbar de los tambores.
Acostumbrada a la sobriedad de nuestras misas, a la serenidad castellana en la manifestación de nuestras creencias...
Siendo, en definitiva, hija de una tradicción judeocristiana, no pude evitar un cierto desconcierto al entrar por primera vez en la catedral de Hanoi y encontrarme con la herencia que el paso de tantas culturas, sociedades y religiones ha dejado en Vietnam y, no es que me parezca mejor ni peor, pero, claro... es que una no está acostumbrada a ver a la Virgen María vestida con un hábito de monje budista o a encontrarse altarcillos para adorar a otros dioses al lado de Sto Tomás de Aquino.
Sin embargo, es bonito. Es bonito ir a visitar una pagoda budista en Navidad y que tengan puesto como música de fondo el Villancico de “La Virgen se está peinaaando...” eso sí, en vietnamita, que le da todavía mas salsa al asunto, mientras que la gente medita delante de una imagen que está dedicada a Confuncio.
Es bonito que los que asisten a la mezquita, a la única mezquita que hay en Hanoi, te manden una tarjeta de felicitación por Navidad.
Es bonito que te deseen feliz fin de año el 31 de Diciembre cuando, para ellos, aun no es final de año. Aquí, en Vietnam, se rigen por el calendario chino, es decir, aquí seguimos la luna, en vez del sol y todavía, hasta febrero, estamos en el 2006.
Sé que esta multiculturalidad y multirreligiosidad puede ser en muchos lugares motivo de guerras y controversias, aquí también lo fue en su día, también lo ha sido en España y lo sigue siendo (no hace falta irse más allá de Córdoba para comprobar que lo que digo es cierto), sin embargo, aquí es bonito, aquí es parte de su riqueza.

8 de mayo de 2007

La amistad universal encontrada en Vietnam (The universal friendship found in Vietnam)

...Siguiendo con el tema del día anterior, sobre los vietnamitas y Vietnam.
Creo que es el momento en el que os tengo que presentar a dos personas que han hecho posible que mi vida en Vietnam sea como está siendo, y que son imprescindibles en mi vida actual. Ellos son Minh y Quang, quienes me han mostrado la universalidad de la amistad del ser humano independientemente de culturas y lenguas. Un aprendizaje que ha sido de lo más enriquecedor en el tiempo que llevo acá.


Solo puedo escribir de ellos palabras de gratitud y reconocimiento por la amistad y ayuda que me han mostrado desde el mismo momento que pisé tierras indochinas por primera vez, en marzo de 2006, cuando les conocí. Quang, por entonces consultor independiente que trabajaba para Fauna y Flora Internacional (FFI) y Minh consultora contratada en la Agencia Española de Cooperación Internacional en Hanoi. Les traté realmente poco (un par de días o tres, de los 10 que estuve en Vietnam en aquel viaje), pero me quedó un grato recuerdo.

Pero no me podía imaginar que Quang y Minh se convirtieran en casi "todo" cuando volví para vivir y trabajar en Vietnam, y me han sido de un apoyo que nunca anteriormente había necesitado de nadie, porque nunca me había visto en una situación que toda la vida a mi alrededor me sonara a "vietnamita".

No sé si os habéis puesto en mi lugar, pero para vivir acá (más al principio), te conviertes en un bebé, totalmente desvalido, y que tienes que confiar o depender totalmente de alguien para cualquier cosa cotidiana. Desde comprar un móvil, negociar el alquiler de una casa (no os podéis imaginar de qué manera Minh negoció cada detalle que tenía que incluirme los caseros en mi casa antes de entrar, incluso el nº de almohadas y cucharas), que te expliquen por qué la gente de repente se pone a quemar billetes falsos de dólar en las aceras, a qué es debido el olor tan fuerte que tiene algunas calles que tienen restaurantes, el significado de la "Navidad" vietnamita, llamar a la casa de turismo rural que tengo para decir que voy a pasar algún día, y un montón de situaciones que se dan continuamente.....

Si vas a la estación de autobuses y se te avalancha un montón de gente (cobran comisión por billete de autobús que tu compras gracias a ellos), que te indican que el billete que va al Parque Nacional de Cuc Phuong se compra en ventanillas diferentes, pues solamente tienes que llamar a Quang al móvil para que hable con alguna taquillera, y después él te dice lo que ha hablado con la taquillera para que ella te indique la taquilla correcta si no es en la que ibas a comprar el billete. Si tengo que hablar con mi casero para explicarle que va a venir alguien o que quiero hacer una fiesta en casa, pues llamas a Minh para que le explique al casero que hay una tradición en España consistente que se hace una fiesta a los ancestros en la casa donde uno vive para recordarlos. Que quieres hacer un chimboviaje a algún sitio perdido de Vietnam, pues les llamas para que te averigüen cómo ir, y entonces te mandan un correo con toda la información precisa.

Pero hay mucho más. Quang y yo trabajamos juntos. Hemos tenido que diseñar cosas técnicas, convivir en el trabajo de campo durante días, hacer viajes de trabajo por el norte de Vietnam... han sido muchas horas de terreno y oficina. En el trabajo técnico, pocas veces me he encontrado a un compañero que tenga una visión tan similar del trabajo a realizar (a pesar que uno es de Venus y otro de marte). En el campo, pocas veces me lo ha pasado tan bien (salvo en Venezuela, claro) compartiendo con alguien el contacto y el trabajo con la gente como con Quang. Si tienes que beber xìo (vino de arroz) hasta llegar a la cirrosis total con la gente para poderles ganar la confianza y poder trabajar con ellos, pues Quang te explica cuánto de importante es y lo que significa en algunas minorías étnicas beber juntos, pero sobre todo te hace el "quite" cuando se percata que la gente ya pasa de brindar a intentar emborrachar al "guiri". También, tengo que depender de sus traducciones para saber lo que me cuentan y me dice la gente, por lo que más me vale confiar en él, además que confío en él. Dependo de Quang para saber desde lo que necesita un paisano, cuáles son los problemas que hay, cómo funcionan las cosas en Vietnam, hasta las condiciones de compra que te pone en un concesionario para comprar un coche para el proyecto.













Quang me ha enseñado que el sentido del humor es algo innnato de la condición humana, y no depende de las culturas. Bromeamos continuamente, podemos llegar a tener ataques de risa y no parar. Y como le digo a él, "imagínate si habláramos la misma lengua".... porque el pobre ha tenido que aprender mi particular "spanglish". Tenemos una complicidad inimaginable entre un vietnamita y un tipo de La Adrada.

Gracias a Quang y a Minh, he tenido un hogar donde llegar en Tet ("las Navidades Vietnamitas"), incluso con arrimaos, he tenido llamadas para saber cómo había llegado de los distintos viajes que he hecho, y he tenido alguien que me trae naranjas si estoy enfermo para hacerme zumos y meterme vitamina C para el cuerpo, y he tenido a unos amigos vietnamitas que han agasajado a la Fina (mi señora madre) sin envidiar para nada a la hospiltalidad y cariño criollo del trópico.
En estos días voy a tener la inmensa fortuna de vivir uno de los momentos más felices para ellos, el nacimiento de su primera hijita, un acontecimiento muy especial en la sociedad vietnamita. Sé que en el tiempo que esté en Vietnam voy a seguir compartiendo muchos momentos buenos con ellos, sé que cuando me vaya de Vietnam, parte de mi corazón se quedará con ellos, en la Indochina a la que tanto estoy empezando a deber.

16 de abril de 2007

Eskalivur tizona o de cómo los vietnamitas te conquistan el corazón

Del lago Hoan Kiem, pegado a mi casa, existe la versión vietnamita de la leyenda del Rey Arturo y su espada "Excalibur", magníficamente contada en un artículo de El País, que os aconsejo porque cuenta cosas muy reales de Hanoi.
Bueno, el caso es que después de varios siglos, tuvo que venir uno de La Adrada para que volviera a emerger de las aguas del lago Hoan Kiem la espada que va a barrer del campo de batalla a todo osado e incauto que quiera retarme: la "eskalivur-tizona".




Y es que la semana pasada, en el fragor de la batalla jugando al bong ban, partí mi raquetilla baratilla que me compré hace unos meses para iniciarme en el noble y excitante arte del bong ban, en un punto a cara de perro contra mi contricante asiduo, y que como casi siempre, perdí. A pesar de jugar como nunca, perdí como siempre como buen atlético.

El caso es que llegó la señora que regenta el campo de batalla (ya os hablé de el sitio y esta familia en este blog), y me regaló a "eskalivur-tizona", e insistió tantísimo que era un regalo suyo, que tuve que agarrarla con firmeza y emergerla del lago, donde tanto tiempo ha estado descansando para empuñarla como el nuevo rey del bong ban. ¡Qué tiemblen ahora españoles y vietnamitas que tengo un arma de ganar puntos tras puntos!.

Y es que no os podeis imaginar lo amistosos, amables, simpáticos y buena gente que hay entre los vietnamitas. Me da un poco de rabia y tristeza cuando esos neo-conquistadores que han aparecido en estos tiempos que corren, hacen juicios a la ligera sobre un pueblo o una cultura, creyéndose que saben todo sobre ello por una presunta sabiduría y experiencia adquirida por haber leído cuatro cosas en internet, o alguna guía escrita por otro de ellos, y haber viajado como astronautas al sitio en cuestión los días justos que permiten los trabajos de ahora. He oido decir que los vietnamitas son gente dura, inaccesible, distante, y que te intentan meter el engaño a menos de nada. Mi experiencia en estos casi 9 meses de convivencia (vivo en un vecindario vietnamita, suelo ir a sitios vietnamitas, y mis tiempos y actividades de ocio en Hanoi no difieren en casi nada cuando no tengo visitas de lo que hacen otros vietnamitas de clase media -salvo llevar a la novia en la grupa de la moto, porque yo debo ser el único sin novia o mujer de mi edad-), es que son gente extremadamente amables, siempre dispuestas al encuentro, al contacto, a la broma y la sonrisa. Son personas con un gran sentido del humor, y tremendamente asequibles, que enseguida te invitan a compartir una comida de amigos, unas cervezas. Y sino que me lo digan a mi, que no hablo nada de vietnamita pero estoy bromeando todo el día con ellos, y me siento como pez en el agua entre ellos. Y además, creo que son tremendamente duros en todos los sentidos, y prueba de ello es que ni chinos, ni franceses, ni jemeres ni gringos han podido con ellos.

Y me está brotando un hondo sentimiento de respeto y admiración por su cultura, sus costumbres, un profundo sentimiento de solidaridad por su historia reciente, una admiración por muchos valores que atesoran, pero por encima de todo, un sincero agradecimiento.

Por supuesto no todo desde mi punto de vista es maravilloso. No trago el machismo social que existe en Vietnam, el sentimiento excluyente existente con las minorías étnicas, y algunas cosas más, pero haber, decidme, ¿qué puedo decir yo que vengo de un sitio donde mueren mujeres semana si, y semana también a manos de unos tiparracos, o donde se tiene la idea que se tiene de los gitanos o los emigrantes que llegan ahora a esta España acomodada?.

Es tan fácil ver la mota en el ojo ajeno...

(Gracias al artista pucelano-sevillano por la virguería que ha hecho con la foto de mi espada)



9 de abril de 2007

Sección del chimboviajero: I chimbo(=cutre) viaje por Vietnam (una Semana Santa diferente)

Con esta noticia empiezo una serie de entregas a mis queridos lectores para que tengais una guía alternativa para viajar por Asia. Y lo hago a petición de los miles y miles de personas que me han pedido que lo haga, que conocen mi famosa habilidad para viajar al tran-tran (como en el mus), y de manera chimba y arrastrada como casi nadie (aunque reconozco que ya no soy el que era). También sirve de recuerdo y reconocimiento a mi compañero de chimboviajes por América Latina: el ínclito, único y virtuoso Asieriño.

Dado que Vietnam no es un país católico, y ahora tengo bastante lío, pues mi Semana Santa empezó el Viernes Santo por la tarde, cuando terminaba de trabajar. Un par de días antes había decidido perderme yo solo en la isla de Cat Ba, parte de la cual es Parque Nacional. La isla de Cat Ba suele estar incluida en un mismo "pack" turístico de dos noches junto a la mítica Bahía de Halong, patrimonio de la Humanidad, ya que ambos destinos se incluyen en el golfo de Tonkin, en el mar del sur de China.
Quería dedicarme tiempo a mi, disfrutar de mi maravillosa compañía, pasear conmigo mismo, pensar en lo que está siendo mi vida por acá, y hacer un pequeño balance antes de continuar en la batalla. Me pareció Cat Ba un sitio ideal porque ahora es temporada baja (=pocos turístas), los que van suelen estar un día (que es lo que está normalmente establecido en el pack turístico), está muy cerca de Hanoi (en 3 horas y poco te puedes plantar en la isla), puedes comer "seafood" de primerísima calidad combinando el gusto gastronómino con el ornitológico (vamos, que podría ser mi particular "Tarifa" asiática).
Así, que ya alcanzado el punto en que empiezo a sentir que me puedo desenvolver como pez en el agua en Vietnam yo solo, a las 14:oo pm del Viernes Santo compré en una agencia de viajes hanoiana los billetes del "speed boat" (barco rápido) que hace el recorrido desde la ciudad de Hai Phon a la isla de Cat Ba en poco más de 45 minutos (unos 8 euros/trayecto, aunque si compras los billetes directamente en Hai Phon son 5 euros). Y de este modo, a las 5:00 pm apagué el ordenador, metí en el morral los prismáticos, la guía de pájaros, un pantalón, dos camisetas, y unas zapatillas (¿para que os voy a mentir diciendo que también metí mudas limpias?), y mi xeom me llevó por 1 euro a la estación de Gia Lam, donde a la carrera agarré un autobús que me llevó a Hai Phon (salen cada 15 minutos, 1,5 euros) en unas dos horas.
En Hai Phon llegué como un paracaidista a territorio ajeno, así que seguí la dirección de la flecha del primer letrero que leí la palabra hotel después de estar 30 minutos deambulando por la ciudad, metiéndome en un callejoncito que me condujo al hotel Kim. Lo que viví en el hotel fue de lo más subrrealista, hasta que entendí que era uno de estos hoteles donde se encuentran los amantes furtivos para dar rienda suelta a amores vedados. La verdad es que después de que me enseñaran una habitación limpia por 6 euros, que una de las chicas-señoras (edad indefinida) del hotel me dijera varias veces que mi nariz era muy bonita y que tenía una mirada preciosa, y que el "dueño" del hotel me dijera en su inglés "you are mi guess, I will take you to the port free tomorrow by motorbike", pues no me pude resistir a no dormir en el hotel Kim.

La verdad que Hai Phon no me cautivó, después de dar una vuelta, cenar por 2 euros y tomarme algo en un cafetín, me fui a dormir al hotel.

Al día siguiente, después de que el dueño del hotel me dejara en el puerto, y agarrar el barco, en 50 minutos clavados estaba en Cat Ba town, una especie de torremolinos a lo vietnamita.







Ahí llegué al hotel familiar "Huong Cang", que enseguida me cautivó con la esmerada y sugerente decoración, con el gusto refinado por dar un ambiente cálido a los descansillos de los pisos. Y para muestra, un botón.








Pero nada comparable con lo que me encontré en la habitación que me estaban enseñando por el módico precio de 3,5 euros, y es que claro, teniendo el descansillo que tenían, ¿cómo iba a desentonar la habitación?.


En el hotel mismo alquilé una moto por 3 euros más para recorrerme toda la isla. Así que después de echar un euro de gasolina recorrí 18 Kilómetros de isla hasta llegar a la entrada del parque nacional (0,70 euros), para subir en una simpática ascensión hasta uno de los topes (Ngu Luam peak) de una de las montañas que forman este paisaje cárstico tan singular:















Después de bajar del tope de Ngu Lam, seguí surcando la isla por paisajes ambientados en parques jurásicos actuales hasta alcanzar la otra punta, hasta Giao Luang, que está a unos 30 Km de Cat Ba town .










El camino de vuelta hacia Cat Ba town lo hice por el otro camino posible, la costa oeste de la isla, por una carretera que va bordeándola. De esta manera pude por un lado ir a pajarear a una zona intermareal de lo más interesante en los alrededores de Phu Long, donde en el malecón pude disfrutar de la observación de un montón de garzas y otros bichos con plumas, e ir dibujando todo el borde occidental de Cat Ba a lomos de mi moto de alquiler contemplando los campos de arroz emergentes en los valles más fértiles mientras el sol iba buscando el descanso del horizonte.


En este sitio pude en poco más de 1 Km. y una hora invertida pude ver aproximadamente el 20% de la avifauna de la isla.




Campos de arroz cerca de Hien Hao(izda.), atardecer en la costa occidental de Cat Ba (dcha.).


Me dio tiempo todavía llegar a Cat Ba town y ver atardecer desde el extremo del paseo marítimo que lleva desde la ciudad a las playas.















Finalmente, el 7 de abril del año 2007 mi persona terminó este maravilloso día dando cuenta de los suculentos y exquisitos frutos del mar que produce este mar de China. La verdad es que es un verdadero privilegio conocer la gastronomía marítima de este mundo, bien sea del barrio de la lonja de Tarifa con ese pescaíto frito, el delicioso pavón que se produce en el Orinoco y se cocina en Ciudad Bolívar o la variada fauna marítima irreconocible que se puede degustar al lado del mercado de Cat Ba.
El Domingo de resurrección, después de dormir todo lo que quise y más, me dirigí a conocer las famosas playas de Cat Ba, para pasear, meditar, y ver más pájaros. Lo único que encontré de negativo en estas preciosas playas es que albergan esos "resort" que tanto gustan a las personas que no tienen ese gusto tan refinado que yo destilo, personas horteras que desgraciadamente desconocen esos decorados tan sugerentes que exhiben hoteles como en el que estuve en Cat Ba. Como veréis, resorts como éstos, los podéis encontrar en todos los rincones del mundo, y casi todos iguales, y todos para mi tienen un denominador común: el impacto ambiental que tiene sobre la costa.

Resort playa Cat Ba 2 (izda) y en playa Cat Ba 1 (dcha).








Pero bueno. Esta anécdota no quitó ni un ápice de gusto a la mañana de domingo que pasé en las playas, totalmente desiertas, de Cat Ba. Primero por la sorpresa tan grata que me llevé de cómo se acceden a ellas, por un camino colgante que va bordeando la costa por los acantilados. Después porque pude disfrutarlas para mi solo, sin nadie, con los pinrreles en el agua, y pensando y meditando bastante, a la vez que algunas aves de estas que solo había visto en reportajes de la tele me daban alegría tras alegría: qué bonitos son para nosotros los pájaros tropicales, madre mía que martín pescador (Halcyon smyrnensis) más bonito pude ver en la playa de Cat Ba 3.




Camino para ir de una playa a otra (izquierda), y playa Cat Ba número 2 (abajo)















Finalmente, a media mañana volví a Cat Ba town, volví a hacerle un regalo a mi estómago, y agarré a las 14:45 el speed boat que me dejó poco antes de las 16:00 pm en Hai Phon, donde volví a agarrar un bus por 1,5 euros que me dejó como a las 18:00 pm cerca del centro de Hanoi, y mi casa.
La verdad es que ha sido un fin de semana-Semana Santa de lo más espectacular, con tiempo para disfrtar de las cosas buena de la vida: paisajes preciosos, tranquilidad, pájaros, el aire en las mejillas mientras cabalgas en moto por una isla casi sin tráfico, paseos bucólicos para pensar y meditar, y cómo no, regalar al cuerpo el único placer que tengo a mi alcance: los frutos del mar.